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La tarde del miércoles 25 de febrero, Pedro Mendoza SJ, en la segunda charla de este ciclo, disertaba sobre el Sínodo de Obispos sobre la Familia que el Papa Francisco ha convocado.
La Iglesia reflexiona sobre los desafíos de la familia fruto de la inquietud por los cambios tan bruscos y rápidos que acontecen actualmente, y producido por la mirada misericordiosa de Dios a la Familia.

Las grandes dificultades económicas o sociales, la sociedad actual, la velocidad, la fragilidad de las relaciones… modifican el concepto y el camino de la familia, pero en realidad se trata de una institución cambiante y la  Iglesia se ve desafiada por esta situación. Porque la familia es objeto de evangelización pero también sujeto.

El estilo del Papa Francisco en el Sínodo deja entrever su carisma: la rapidez en la convocatoria a tan solo ocho meses de su proclamación, la extensión de la consulta, que en esta ocasión llega hasta las propias diócesis; las reuniones del Sínodo, divididas en dos fases, que dejan un tiempo intermedio que involucrará a todos los fieles; su discurso inusual, donde la parresía al hablar y la humildad en la escucha son las premisas que el Santo Padre anima a tener en las reuniones  sinodales.

Son muchos los puntos y desafíos analizados en el Relatio Synodi (documento final) de la Asamblea Extraordinaria acaecida en el pasado mes de Octubre de 2014. Junto con este documento, se adjunta también una tabla en la que se puede ver el número de votos a favor y en contra que ha recibido cada punto del documento. Algo que ha querido el Papa, por transparencia y claridad. Para la aprobación de cada número, era necesario alcanzar 2/3 de los votos; para el rechazo se precisaba la mayoría de la mitad más 1, de acuerdo con el artículo 26 del Reglamento del Sínodo. Hay tres puntos que no han alcanzado la mayoría de 2/3 pero si la mayoría del Sínodo. Son los puntos 52, 53 y 55, referentes al acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y sobre el tratamiento hacia hombres y mujeres con tendencias homosexuales. Temas que serán tratados en la Asamblea Ordinaria del próximo mes de octubre y que ahora, en este tiempo de transición, deben ser reflexionados.

El documento final, dividido en tres partes, centra su primer aspecto en “La escucha: el contexto y los desafíos de la familia”.  “En la realidad de la familia hoy en toda su complejidad, en sus luces y sombras. Pensamos en los padres, los abuelos, los hermanos y hermanas, los familiares próximos y lejanos, y en el vínculo entre dos familias que se crea con cada matrimonio. El cambio antropológico-cultural hoy influye en todos los aspectos de la vida y requiere un enfoque analítico y diversificado.”

En segundo lugar, “La mirada fija en Cristo: el Evangelio de la familia”, miradas acogedoras, de amor y ternura, en lugar de críticas a las situaciones actuales: Homosexuales, separados/as, uniones de hecho,…

Y por último, “La confrontación: perspectivas pastorales”. Aquí se describen varios puntos entre los que Pedro destacaba:

La reforma del lenguaje. “No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores”.
“No hemos sabido vender bien un producto muy bueno como es el matrimonio cristiano”, aseveraba Pedro Mendoza.
La renovación de los cursillos prematimoniales, el acompañamiento en la pastoral familiar sobre todo en momentos de crisis o la importancia de lo celebrativo y lo festivo, son otros puntos descritos en esta parte del documento.

En conclusión, en un panorama actual donde las estadísticas acreditan que más del 50% de los matrimonios civiles o cristianos van a acabar en divorcio, no solo la Iglesia debe preocuparse por esta situación.

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